Exposición Aragonesa de 1868

0
809

El día 27 de septiembre de 1867, cuando todavía permanecen abiertas tanto la exposición del Ateneo de Zaragoza como la Universal de París, la Real Sociedad Económica Aragonesa de Amigos del País, comenzó a preparar la celebración de la primera Exposición Aragonesa. En aquella sesión se decidió, además, formar una comisión para poner en conocimiento de las instituciones locales la iniciativa así como informarse de la organización de este tipo de certámenes.

Fuente: zaragoza.es (Centro de Historia) 
http://cmisapp.ayto-zaragoza.es/ciudad/museos/es/chistoria/exposiciones.htm

Entre los promotores de la idea destacaban el director de la Real Sociedad, Alberto Urries y Bucarelli, Mariano Royo y Antonio Candalija.

El día 21 de noviembre siguiente la institución aprobó las Bases por las que había de regirse el certamen. En líneas generales, en ellas se establecía que la exposición se inauguraría el 15 de septiembre y se clausuraría el 31 de octubre de 1868. Estaba abierta a expositores venidos tanto desde cualquier punto de España como del extranjero, aunque las mismas bases dejaban constancia de la preferencia por los participantes aragoneses. Así mismo, se establecía la concesión de premios y distinciones, y se manifestaba la invitación a la reina Isabel II para que fuera la encargada de la entrega de los mismos.

La Exposición Aragonesa quedaba organizada en cinco divisiones: Ciencia, Artes Liberales, Minerales y Productos Químicos, Agricultura e Industria.

La propuesta de la Sociedad Económica fue remitida al Ayuntamiento y Diputación Provincial de Zaragoza el 23 de noviembre. Tras su aprobación por parte de ambas instituciones, el 3 de febrero de 1868, se constituyó la Junta Directiva de la Exposición integrada por representantes de la Sociedad Económica, Ayuntamiento, Diputación, así como senadores y diputados a Cortes por la provincia.

La capacidad de organización de la Junta Directiva fue puesta a prueba por el corto espacio de tiempo del que se disponía teniendo en cuenta la ambición del proyecto. En unos meses se debía convocar al mayor número posible de participantes, reunir una gran cantidad de productos de muy diferente naturaleza y acogerlos en un recinto nuevo levantado para la ocasión.

El lugar elegido para celebrar la exposición fue la Glorieta de Pignatelli, la actual plaza de Aragón. La elección no pudo ser más acertada. El paseo de la Independencia estaba destinado a ser el eje de la futura expansión de la ciudad hacia el sur. Sin embargo, después de décadas desde su trazado, el paseo progresaba con dificultad y era visto por muchos zaragozanos como un lugar periférico. La exposición sería la ocasión perfecta para romper esta percepción e incorporar definitivamente la glorieta y el paseo al paisaje urbano, acelerando su proceso de urbanización.

El recinto, de trazado irregular, se abría al paseo de la Independencia y se organizaba en torno al monumento a Pignatelli. En uno de sus laterales se levantó el Palacio de la Exposición, un gran edificio de planta rectangular con cuatro grandes patios en su interior. El encargado de su diseño y construcción fue el arquitecto Mariano Utrilla quien, además, fue uno de los máximos impulsores del certamen desde su condición de miembro de la Sociedad Económica.

En el Palacio de la Exposición, Utrilla se enfrentó al reto de construir un inmueble amplio -con más de cinco mil metros cuadrados- y flexible, para poder albergar una gran cantidad de objetos de muy diverso carácter; y hacerlo con un presupuesto máximo de 800.000 reales vellón, en un plazo aproximado de tres meses. El resultado fue un imponente edificio de líneas historicistas sorprendentemente construido entre finales de mayo y comienzos de septiembre de 1868.

El resto de las construcciones levantadas con motivo del certamen eran mucho modestas desde el punto de vista arquitectónico, ya sea el arco de entrada, de trazo en herradura, los tres pabellones de maquinaria, el pabellón de industria, el café-restaurante o el edificio de la Junta y Jurado, además de los servicios complementarios.

En su conjunto, el recinto de la Exposición de 1868 resultó amplio y adecuado a los objetivos de la muestra, brillando especialmente cuando el 15 de septiembre, según lo previsto, las principales autoridades locales se reunieron para su inauguración.

Todos podían sentirse orgullosos de la entidad del certamen. Nada menos que 3.028 expositores mostraban 10.632 objetos distribuidos por divisiones de la siguiente manera:

Divisiones
DivisionesExposicionesObjetos
CienciasCienciasCiencias
Artes liberales3711.068
Materiales e Industrias Químicas1721.043
Agricultura1.3394.217
Industria9513.323

El peso de la muestra agrícola fue muy importante en el conjunto de la Exposición como reflejo de la estructura económica aragonesa, y por extensión española, del momento. Sin embargo, llama la atención la fuerte presencia de expositores industriales que prueban no sólo el inicio de una transformación económica imparable sino, sobre todo, el especial interés de la burguesía industrial por presentarse en este tipo de certámenes, que constituían el principal escaparate para dar a conocer sus productos. Incluso más significativo es el dato de que 295 de los participantes industriales, más de un 30% del total, provenían de la provincia de Zaragoza.

Y es que, aunque la exposición llevó el calificativo de Aragonesa, la procedencia de los participantes fue muy variada, incluyendo también los que provenían de otros puntos de España e incluso de Europa. El reparto geográfico fue éste:

Expositores
Origen de los expositoresNúmero
Aragón 
Zaragoza935
Huesca261
Teruel104
Total Aragón1.300
Resto de España 
Andalucía29
Baleares1
Barcelona291
Burgos142
Canarias9
Castillas La Nueva32
Castilla La Vieja26
Cataluña (excepto Barcelona)39
Extremadura9
Galicia6
León35
Madrid99
Murcia3
País Valenciano166
País Vasco54
Navarra45
Soria19
Europa 
Austria4
Francia141
Inglaterra1
Rusia1

La coincidencia de expositores de tan diversa procedencia fue una gran novedad en Zaragoza y la ocasión perfecta para conocer nuevos avances técnicos y productivos. Pero no sólo eso. Como toda gran exposición, la de 1868 guardó un importante espacio al terreno artístico y cultural. En la sección de Artes Liberales se presentó una interesante muestra de pintura entre la que destacaban los nombres propios del aragonés Francisco Pradilla, por entonces en la cumbre de su carrera, y Eduardo Rosales que presentó su cuadro Doña Blanca de Navarra.

Aunque también resultaron interesantes las muestras de escultura y arquitectura, en la que sobresalió el zaragozano Fernando de Yarza, lo que más hubo de llamar la atención de los visitantes en esta sección de Artes Liberales fue la exposición de fotografías, por entonces toda una novedad a medio camino entre la ciencia y la curiosidad. Algunos de los pioneros de la fotografía en Aragón estuvieron presentes, como Mariano Júdez Ortiz y José Requena López.

Mención muy singular mereció la participación de nombres señeros de la cultura aragonesa como el ya citado pedagogo Valentín Zabala, el botánico turolense Francisco Loscos y Bernal, que presentó Serie imperfecta de las plantas aragonesas espontáneas y el propio Joaquín Costa quien, apenas unos meses después de su estancia parisina, dio a conocer su Ideas apuntadas en la Exposición Universal de 1867.

En resumen, la Exposición Aragonesa de 1868 se constituyó, gracias al esfuerzo de sus promotores, en un auténtico panorama de la economía, el arte y la cultura del momento. Una ocasión única para aprender y darse a conocer, para compartir y mostrar. Por desgracia, los acontecimientos políticos vinieron a truncar buena parte de las ilusiones puestas en la celebración de la muestra. El 18 de septiembre, tres días después de abrirse el certamen, se produjo el golpe de estado que dará lugar a la revolución conocida como La Gloriosa encabezada por el general Serrano.

Fueron momentos difíciles y, sobre todo, de enorme incertidumbre política que sólo remitiría tras el exilio de la reina Isabel II y la formación del gobierno presidido por el propio general Serrano. Aunque el 11 de octubre la Exposición Aragonesa reabrió sus puertas hasta su clausura a comienzos del mes de noviembre -e incluso llegó a celebrarse una segunda etapa durante el año 1869-, el ambiente social había cambiado y las miradas estaban puestas en otro lado.

El último acto de la I Exposición Aragonesa se retrasó hasta el 27 de septiembre de 1871, fecha en la que el rey Amadeo de Saboya realizó la entrega de distinciones a los premiados en la muestra, en solemne sesión desarrollada en los salones de la Universidad Literaria de la plaza de la Magdalena.

Ampliar información en:
http://cmisapp.ayto-zaragoza.es/ciudad/museos/es/chistoria/exposiciones.htm

Dejar respuesta