Zaragoza continúa enfrentándose a un problema ambiental y de saneamiento que, lejos de desaparecer, sigue presente en la vida diaria de la ciudad. Las depuradoras de La Cartuja y La Almozara retiraron el pasado año 297,59 toneladas de toallitas y residuos fibrosos, una cifra que supone un descenso del 3,5% respecto al ejercicio anterior, pero que no permite hablar todavía de un cambio real en los hábitos ciudadanos.
Aunque el dato se sitúa entre los más bajos de la última década, el volumen acumulado sigue siendo elevado. La media de los últimos diez años asciende a 322,23 toneladas, lo que confirma que el vertido de toallitas al inodoro continúa siendo una práctica extendida en muchos hogares.
Impacto en la red de saneamiento
El problema se genera cuando estos productos, junto a otros residuos de higiene personal, acaban en el váter en lugar de en la papelera. Las toallitas no se deshacen con la rapidez del papel higiénico y pueden acumularse en tuberías, estaciones de bombeo y depuradoras. Esta situación provoca atascos, averías y sobrecostes en el mantenimiento de la red de saneamiento.
El Ayuntamiento de Zaragoza ya había advertido de este impacto al señalar que las depuradoras de la ciudad retiraron más de 359 toneladas de residuos fibrosos en 2022. Además, recordó que estos materiales pueden contener fibras no biodegradables o de lenta degradación, capaces de enredarse en las conducciones y causar incidencias importantes en las infraestructuras hidráulicas.
Para reducir la llegada de estos residuos a los ríos, la sociedad municipal Ecociudad Zaragoza ha instalado sistemas de retención en distintos aliviaderos de la ciudad. Estas estructuras funcionan como grandes coladores que permiten el paso del agua, pero retienen buena parte de los sólidos arrastrados durante episodios de lluvia intensa.
Los puntos se han colocado en zonas vinculadas al Ebro, el Huerva y el Gállego, entre ellas el parque de San Pablo, el parque Bruil y el parque Ríos de Aragón. El objetivo es minimizar el impacto de estos residuos cuando las lluvias intensas obligan a aliviar parte del caudal hacia el medio natural para evitar inundaciones.
Un gesto cotidiano con consecuencias ambientales
El impacto no se limita a las depuradoras. Cuando las lluvias fuertes arrastran residuos mal desechados, estos pueden terminar en riberas y cauces. Por eso, las toallitas se han convertido en un problema que afecta tanto al funcionamiento de la red urbana como a la calidad ambiental de los ríos.
Además, su presencia implica mayores costes de limpieza, retirada y mantenimiento. Cada atasco o avería obliga a movilizar recursos técnicos y humanos, lo que convierte un gesto aparentemente cotidiano en un problema colectivo para la ciudad.
La situación de Zaragoza se enmarca, además, en un debate estatal sobre la gestión de este tipo de productos. El Ministerio para la Transición Ecológica ha tramitado un proyecto de real decreto para regular los residuos de toallitas húmedas de un solo uso y globos que contengan plástico, con el objetivo de prevenir y reducir su impacto ambiental cuando se eliminan de forma incorrecta.
Mientras tanto, el mensaje de las administraciones sigue siendo claro: el inodoro no debe utilizarse como papelera. En el caso de Zaragoza, las casi 300 toneladas retiradas en el último año muestran que el problema ha disminuido ligeramente, pero continúa muy lejos de resolverse. La prevención pasa por un gesto sencillo, pero decisivo: tirar las toallitas y otros productos de higiene a la basura, no al váter.








