El Museo de Zaragoza expone dos nuevas obras relacionadas con Goya

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Este martes, 16 de abril se cumple el 185 aniversario de la muerte de Francisco de Goya y Lucientes. Coincidiendo con esta fecha el Museo de Zaragoza ha incorporado a su colección dos nuevas piezas relacionadas con el artista de Fuendetodos que ilustran uno de los grandes temas de la historiografía relativa al genio aragonés convertida en novela por diversos escritores.

Una de esas obras es “Cráneo de Goya” (1849), un óleo sobre lienzo de Dionisio Fierros Álvarez, pintor asturiano formado en el taller de los Madrazo. Iconográficamente representa un tema muy repetido en el barroco, las Vanitas y la fugacidad de la vida, aquí centrada en una calavera como único símbolo de la levedad del ser humano.

La pintura fue un donativo de Hilarión Gimeno al Museo de Zaragoza en el año 1928. Una etiqueta en el reverso del cuadro indica la propiedad anterior del Marqués de San Adrián, protector del pintor y otra inscripción sobre el bastidor, realizada en fecha desconocida, reza: “Craneo de Goya pintado por Fierros”.

En el año 1888 la exhumación de los restos de Goya enterrados en Burdeos reveló la ausencia del cráneo en el ataúd. Las especulaciones sobre su posible robo y destino alimentaron uno más de los mitos románticos que surgieron en torno a su figura tras su muerte. Precisamente la inscripción del bastidor de este cuado apoyó la creencia de que el óleo de Fierros representaba el cráneo robado de Goya.

La segunda pieza que pasa a ocupar un lugar en las salas de exposición permanente, en el espacio dedicado a las obras en estudio, es el “Busto de Goya” (1902) de Mariano Benlliure, vaciado en yeso policromado imitando al bronce.

Está basado en el diseño preparado por Benlliure para la escultura de cuerpo entero que ejecutó para la ermita de San Antonio de la Florida. Es en este lugar donde descansan desde 1919 los restos de Goya y de su consuegro, con el que fue enterrado en Burdeos. El diseño de Benlliure, no obstante, acabó en la fachada norte del Museo del Prado.

Existen dos versiones de una misma representación con ligeras variantes, una de 1902 y otra más tardía de 1912. El busto originariamente no estuvo policromado sino que presentaba la apariencia blanca del yeso y así es como se muestra en las salas del Museo de Zaragoza, presidiendo la sala dedicada a Goya. Esta efigie es uno de los modelos más copiados y difundidos de la iconografía goyesca. Los rasgos maduros de Goya evidencian un rostro marcado por el paso del tiempo; las arrugas, la seria expresión y mirada penetrante acrecientan la personalidad del genial pintor aragonés.

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